Visibilidad el gran reto aborda la importancia de encontrar las palabras precisas al escribir

Uno de los pilares básicos que sustenta los objetivos del proyecto Visibilidad el gran reto, es defender la calidad literaria de los libros que se publican. Tanto es así, que ya se ha puesto en marcha un sello de garantía para los libros de los «visibles», de forma que los lectores puedan confiar al adquirir un ejemplar en que ha pasado por los procesos indispensables de calidad ortotipográfica y de estilo. Macu García, la autora nacida en León y residente en la actualidad en Valladolid, perteneciente a Visibilidad el gran reto, ha escrito al respecto un artículo muy interesante. Estas son las palabras de Macu:

Me gusta la palabra «fragilidad». Su procedencia como muchas otras es del latín fragilitas, que significa «cualidad de frágil». Se forma a partir del adjetivo latino fragilis, «frágil», «que se rompe fácilmente», que a su vez deriva de la raíz del verbo frangere, que significa «romper» o «quebrar». Literalmente, fragilidad es la cualidad de ser fácil de romper o quebrar.

Entre sus sinónimos están debilidad, delicadez, endeblez y flojera, y entre sus antónimos fuerza, dureza, o consistencia.

Si indagamos en esta última, que también viene del latín consistentia, que a su vez deriva del verbo consistere, estar firme, formado por el prefijo con, junto, todo y sistere, tomar posición, detenerse. Se refiere a la cualidad de tener estabilidad, solidez, duración o firmeza, implicando una acción o comportamiento que se mantiene igual a lo largo del tiempo o en diferentes situaciones.

Podría pasarme un sinfín de líneas encadenando palabras que nacen de palabras, que exploran y definen términos que sirven para expresar sentimientos, emociones, e ideas.

Confieso que para los escritores la certeza de hallar la palabra precisa para plasmar lo que deseamos decir, en ocasiones, y no pocas, fagocita un bonito tiempo.

Corroe por dentro la urgencia de encontrar la piedra filosofal que exprese en una concatenación de fonemas, lo que en nuestra cabeza no alberga duda alguna, pero trasladado al papel se enturbia perdiendo precisión.

Me siento responsable al escribir de un respeto hacia el lector, que me obliga a devanarme los sesos hasta dar con el quid de la cuestión. El fin de la palabra es, que quien la lea perciba la emoción, los nervios o las dudas que el personaje siente en el momento exacto en el que están detenidos sus ojos en esa línea.

Me apremia sentir certeza con la elección de la palabra. Percibir su consistencia, para albergar la calma que fluye cuando las letras contienen los sentimientos que deseo trasladar el lector. Necesito al escribir no sentir fragilidad, no romperme con dudas semánticas, e incertidumbres léxicas.