
Mejores resultados en PISA, clases reducidas y asignaturas optativas como cocina, carpintería o robótica explican el interés por la enseñanza canadiense. El 24 de octubre, representantes de 18 distritos escolares de Canadá atenderán a las familias en Madrid.
Estudiar fuera ya no responde únicamente al propósito de aprender un idioma. Para muchas familias, la elección pasa también por encontrar sistemas educativos capaces de fomentar autonomía, pensamiento crítico y una relación más práctica con el conocimiento. Canadá ocupa una posición destacada en ese mapa internacional: su modelo, mayoritariamente público, combina flexibilidad académica, participación en el aula y una oferta que permite explorar intereses más allá de las materias tradicionales.
A ello se suman unos resultados que, según el informe PISA 2025 de la OCDE, superan a los españoles en ciencias, matemáticas y lectura. Este enfoque educativo constituye desde hace años uno de los pilares del trabajo de The Lemon Tree Education, consultora especializada en educación internacional y particularmente vinculada al destino canadiense.
Una de las singularidades de Canadá reside en su propia organización educativa. No existe un único sistema nacional: las diez provincias y los tres territorios cuentan con sus respectivos organismos y gestionan sus programas atendiendo también a sus particularidades culturales y lingüísticas. La enseñanza pública tiene, además, un peso especialmente significativo: más del 95 % de los canadienses elige la educación pública para sus hijos.
El funcionamiento cotidiano de las aulas ayuda a comprender parte de su atractivo para un alumno internacional. Frente a una enseñanza fundamentalmente apoyada en contenidos teóricos, el planteamiento canadiense concede espacio a la interacción entre profesores y alumnos, las presentaciones orales, el trabajo en grupo, la discusión y la aplicación práctica de los conocimientos.
A partir de Grade 9 —equivalente a 3.º de ESO—, la oferta puede incorporar asignaturas optativas tan distintas como robótica, electrónica, cocina, teatro, danza, guitarra o taller de madera. Las clases suelen reunir a poco más de 20 alumnos y, en determinadas asignaturas optativas, los grupos pueden ser incluso más reducidos, favoreciendo una atención más personalizada.
La vida académica tampoco acaba al terminar las clases. Deportes, clubes de debate, música, teatro, ajedrez, voluntariado o actividades culturales forman parte de una propuesta que amplía las posibilidades de participación del alumno. Para quienes llegan desde otro país, numerosos centros ofrecen además apoyo lingüístico integrado en el horario escolar.
Los resultados internacionales permiten añadir una referencia cuantificable a esas características. El informe PISA 2025, elaborado por la OCDE para evaluar las competencias de los estudiantes de 15 años, sitúa a Canadá por delante de España en las tres grandes áreas analizadas. El alumnado canadiense alcanzó 510 puntos en ciencias, 485 en matemáticas y 490 en lectura, frente a los 477, 457 y 451 puntos de España, respectivamente.
La diferencia también aparece en el rendimiento avanzado: el 10,6 % de los estudiantes canadienses alcanza los niveles 5 o 6 en ciencias, frente al 4,2 % de los españoles. En resolución de problemas computacionales, Canadá obtiene igualmente 525 puntos, por encima de los 499 registrados en España. Las cifras aportan así una base objetiva para dimensionar la posición que ocupa el sistema canadiense dentro de las evaluaciones educativas internacionales.
Alejandro Minayo conoce esa realidad desde dentro. Hace ocho años formó parte de un programa de inmersión académica y cultural en Canadá de un año de duración; después estudió la carrera en Holanda y actualmente trabaja como agente deportivo especializado en tenis para una agencia sueca. Ese recorrido es el que relata en El Limonero Podcast, el espacio de The Lemon Tree Education dedicado a educación, desarrollo personal y experiencias en el extranjero para padres, madres y jóvenes.
Cuando recuerda aquellos meses, una de las primeras diferencias que aparecen en su relato está precisamente en las aulas. “A mí me encantó el sistema de Canadá, de colegios de Canadá. Es muy diferente”, explica. Lo comprobó, por ejemplo, en matemáticas, donde el examen no consistía únicamente en recordar contenidos o fórmulas, sino en saber trabajar con ellos: “Aquí tienes las fórmulas, aquí tienes el examen, desarrolla, interpreta”.
Aquella manera de aprender terminó acompañándole después de volver a España. Su familia buscó un enfoque que mantuviera esa filosofía y optó por el Bachillerato Internacional. Años más tarde, ya en la universidad en Holanda, volvió a encontrarse con una metodología que le resultaba conocida: “Esa educación de utilizar tu conocimiento, de ese open mind, creatividad”. Para entonces, reconoce, aquella adaptación ya estaba hecha gracias a lo aprendido anteriormente en Canadá.
La transformación que describe tampoco se limita al plano académico. Llegó con miedo, poco inglés y sin estar convencido de marcharse. El colegio, las actividades, las relaciones personales y situaciones tan cotidianas como aprender a desplazarse solo fueron construyendo otra etapa. “Empecé a descubrir esa madurez, un poquito de independencia también”, recuerda. Años después, ya incorporado al ámbito profesional, su lectura de aquel curso es inequívoca: “La decisión que tuve de irme a Canadá cambió mi vida completamente”.
Ese conocimiento del destino explica que Canadá ocupe un lugar central en la trayectoria de The Lemon Tree Education, consolidada como una consultora de referencia en el sector de la educación internacional en España para las familias que valoran este país como destino académico. El proyecto nació en 2015 de la mano de profesionales del sector, aunque su equipo acumula más de dos décadas trabajando con Canadá y ha construido una extensa red de colaboración con organizaciones educativas y distritos escolares canadienses.
Su labor parte de una idea que atraviesa su filosofía: conectar a los jóvenes y a sus familias con oportunidades capaces de impulsar su crecimiento personal, académico y cultural, atendiendo a la edad, el momento formativo, los intereses y las expectativas de cada persona. De ahí nace también la forma de referirse a quienes pasan por sus programas como sus “limones por el mundo”, una comunidad que prolonga el vínculo con la formación internacional más allá del propio curso académico.
La agencia forma parte de la Cámara de Comercio Canadá-España y en 2026 participó como patrocinadora del Canada Day celebrado en la Residencia Oficial de Canadá en España, organizado por la Cámara junto con la Embajada de Canadá. Ese recorrido se traduce también en programas de colegio público con familia anfitriona, internados y distintas duraciones de estancia, acompañados de orientación previa, seguimiento durante el curso y apoyo en los procesos de convalidación.
Una parte de ese vínculo llegará a Madrid el próximo 24 de octubre con la 9.ª Feria de Colegios en Canadá, que se celebrará de 11.00 a 20.30 horas en el Hotel Meliá Serrano. El encuentro, presencial y gratuito, está dirigido a jóvenes de entre 12 y 17 años y sus familias y reunirá a representantes de 18 distritos escolares de distintas provincias canadienses, antiguos alumnos y asesores especializados. Los asistentes podrán conversar directamente con sus representantes y conocer de primera mano cuestiones relacionadas con los colegios, las familias anfitrionas, las actividades extraescolares y la vida cotidiana en cada zona.
La cita lleva así a una conversación directa aquello que muestran los indicadores internacionales y experiencias como la de Alejandro. Los datos explican una parte del atractivo de Canadá; su metodología, la flexibilidad académica y la vida escolar completan la fotografía. Estudiar en Canadá no supone solamente cambiar de país: implica conocer otra manera de aprender, enfrentarse a nuevas responsabilidades y desenvolverse dentro de un sistema que ha hecho de la aplicación del conocimiento una de sus señas de identidad. Para The Lemon Tree Education, acercar esa realidad a las familias españolas permite transformar los datos, las posibilidades educativas y el conocimiento directo del destino en una decisión formativa informada.
