La inteligencia artificial mejora el rendimiento de los trabajadores en el 65 % de las pymes que ya la utilizan

La inteligencia artificial ya no es una tecnología reservada a las grandes multinacionales. Cada vez más pequeñas y medianas empresas utilizan herramientas como ChatGPT, Claude, Copilot y otros sistemas de IA generativa para redactar documentos, analizar información, preparar propuestas comerciales, programar, crear contenidos o agilizar tareas administrativas.

Los datos confirman que este cambio ya está teniendo efectos reales. Según el informe Generative AI and the SME Workforce de la OCDE, elaborado a partir de una encuesta a más de 5.000 pequeñas y medianas empresas de siete países, el 65,1 % las pymes que utilizan inteligencia artificial generativa asegura que esta tecnología ha mejorado el rendimiento de sus trabajadores.

Pero utilizar IA no significa necesariamente utilizarla bien. Y ahí aparece una nueva necesidad dentro de las empresas: saber qué herramientas se están utilizando, para qué tareas, con qué datos y bajo qué criterios. Firmas especializadas como Auditor de IA trabajan precisamente en ese punto, analizando el uso real de la inteligencia artificial dentro de las organizaciones antes de plantear nuevas herramientas, automatizaciones, formación o procesos de implantación.

La cuestión cobra todavía más importancia con la entrada progresiva en aplicación del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial. El Cumplimiento AI ACT en empresas ya no puede entenderse únicamente como un asunto jurídico: también implica identificar sistemas y casos de uso, revisar responsabilidades, formar a los equipos y establecer criterios internos sobre datos, supervisión humana o documentación.

La IA mejora la productividad, pero no siempre los ingresos

Los resultados de la OCDE muestran con bastante claridad esa diferencia entre utilizar inteligencia artificial y conseguir que tenga un impacto real en el negocio. El 45,2 % las pymes consultadas afirma que la IA le ha permitido ahorrar dinero; el 35,1 %, desarrollar tareas que anteriormente no podía realizar; y el 34,6 %, ofrecer nuevos productos o servicios.

Sin embargo, solo el 25,9 % asegura que la inteligencia artificial le ha ayudado a aumentar sus ingresos. Es una diferencia importante. Una empresa puede trabajar más rápido, redactar mejor determinados documentos o ahorrar horas en ciertas tareas sin que esas mejoras terminen necesariamente convirtiéndose en nuevos clientes, mayores ventas o mejores márgenes.

Parte de la explicación puede estar en cómo se está utilizando la tecnología. La propia OCDE señala que únicamente el 29 % las pymes que emplean IA generativa la utiliza en las actividades centrales de su negocio. En muchos casos, su aplicación continúa concentrada en tareas aisladas: escribir un correo electrónico, resumir un documento, traducir un texto, generar una imagen o preparar una presentación.

Son usos útiles, pero existe una diferencia considerable entre incorporar herramientas de IA y desarrollar una verdadera estrategia de inteligencia artificial.

Saber dónde utilizarla empieza a ser más importante que tenerla

Una empresa puede disponer de varias cuentas de ChatGPT, Copilot integrado en Microsoft 365 y diferentes aplicaciones utilizadas por sus departamentos y, aun así, desconocer buena parte de lo que está ocurriendo internamente.

Un trabajador puede emplear una herramienta para revisar contratos; otro, introducir documentación en un sistema de traducción; el departamento comercial puede resumir reuniones mediante otra plataforma; y marketing puede trabajar simultáneamente con cinco aplicaciones diferentes. Cada uno de esos usos puede ofrecer oportunidades, pero también introducir costes, duplicidades o riesgos distintos.

Por eso la figura del auditor de IA está empezando a ganar peso. El objetivo no es recomendar inteligencia artificial para todos los procesos, sino analizar primero qué está ocurriendo realmente dentro de la organización.

Ese es precisamente el planteamiento de Auditor de IA, una firma respaldada por Creamos IA. Su trabajo abarca auditorías de IA para empresas, adaptación al AI Act, protocolos de uso, documentación y gobernanza, además de talleres, cursos y formación por equipos, con posibilidad de bonificación a través de FUNDAE cuando se cumplen los requisitos aplicables. La firma también desarrolla soluciones a medida, desde la automatización de procesos hasta agentes e integraciones con IA, apoyándose en la experiencia de Creamos IA en consultoría, formación y desarrollo de soluciones para organizaciones.

Una auditoría de este tipo permite obtener una fotografía inicial sobre qué IA se utiliza, quién la utiliza, para qué finalidad, qué información se comparte con esas plataformas y qué procesos podrían optimizarse. También permite detectar algo igual de importante: dónde no merece la pena introducir inteligencia artificial. Porque automatizar más no significa necesariamente trabajar mejor.

La adopción de inteligencia artificial también se acelera en España

La evolución española sigue la misma dirección. Un análisis publicado por el Banco de España en 2025 señalaba que casi el 20 % las empresas encuestadas ya utilizaba sistemas de inteligencia artificial, aunque advertía de que en muchas organizaciones su aplicación seguía encontrándose en una fase experimental.

Entre los principales obstáculos aparecían la falta de personal cualificado, los costes de implantación y la disponibilidad de datos. Los datos del Instituto Nacional de Estadística muestran además que la tecnología está llegando rápidamente a las empresas más pequeñas.

En el primer trimestre de 2025, el 13,4 % las empresas españolas de menos de diez empleados con conexión a Internet utilizaba tecnologías de inteligencia artificial. Un año antes, el porcentaje era del 7,5 %. Prácticamente el doble en doce meses.

En Euskadi la tendencia es similar. Según Eustat, en 2025 el 17,4 % las empresas vascas de diez o más trabajadores utilizaba sistemas de inteligencia artificial. Entre las aplicaciones señaladas se encontraban la automatización de flujos de trabajo, el apoyo a la toma de decisiones, el análisis del lenguaje escrito y el análisis de datos mediante técnicas de aprendizaje automático.

La conversación, por tanto, empieza a cambiar. La pregunta ya no es cuándo llegará la inteligencia artificial a las empresas. En muchas de ellas ya está presente.

Solo el 23,6 % las pymes forma a sus trabajadores en IA

Existe, sin embargo, otro dato especialmente relevante. La OCDE encontró que únicamente el 23,6 % las pymes que ya utilizan IA generativa tiene trabajadores participando en formación relacionada con inteligencia artificial.

Eso significa que muchas organizaciones están incorporando herramientas capaces de procesar información, generar documentación, analizar datos o intervenir en determinadas decisiones sin haber formado previamente a las personas que las utilizan.

La formación empieza así a ir mucho más allá de aprender a escribir buenos prompts. Las empresas necesitan saber qué información puede introducirse en determinadas herramientas, cómo comprobar las respuestas, cuándo debe intervenir una persona, qué riesgos existen y qué aplicaciones tienen realmente sentido para cada puesto de trabajo.

El AI Act refuerza precisamente esta necesidad de ordenar el uso interno de la inteligencia artificial. Las obligaciones no son idénticas para todas las empresas ni para todos los sistemas, pero la regulación europea obliga a prestar cada vez más atención a la alfabetización en IA, el nivel de riesgo, el papel que desempeña cada organización y los controles que deben existir alrededor de determinados usos.

De utilizar ChatGPT a tener una estrategia de inteligencia artificial

Los datos dejan una conclusión bastante clara. La inteligencia artificial ya está mejorando la productividad de muchas empresas, pero todavía existe una distancia importante entre utilizar estas herramientas y convertirlas en una ventaja empresarial real.

Por eso, para muchas organizaciones, el primer paso no debería ser contratar diez nuevas plataformas o lanzar una formación genérica para toda la plantilla. Puede resultar mucho más útil comenzar identificando qué herramientas se están utilizando ya, qué tareas consumen más tiempo, dónde se producen errores, qué procesos son repetitivos, qué información maneja cada departamento y qué oportunidades merece realmente la pena automatizar.

A partir de ese diagnóstico resulta mucho más sencillo definir formación, protocolos, herramientas, automatizaciones y medidas de cumplimiento adaptadas a la realidad de cada compañía.

La inteligencia artificial seguirá entrando en empresas de todos los tamaños durante los próximos años. La pregunta probablemente ya no será si una compañía utiliza inteligencia artificial. Será si está utilizando la inteligencia artificial adecuada, en el proceso adecuado y de la forma adecuada.